Pedro Monzón conoce parte de la receta para jugar en el Monumental. La anotó hace un tiempo, pero cuando iba a escribir el final la lapicera se le quedó sin tinta. El entrenador de San Martín preparó dos primeros tiempos exquisitos en sus dos últimas visitas al Monumental, aunque fueron los complementos los que le terminaron de arruinar el plato principal.

El 4-4-2 actual de Pedro Monzón volvió a nublar la visión del "decano" durante la primera etapa, como en aquel 8 de mayo de 2011. Hernán Pérez, el cinco fetiche del técnico, funcionó como tal. Amo y señor de ese sector, no dejó que nadie pase y, por momentos, repartió juego. Héctor López, justo en su ex casa, desbordó como en los viejos tiempos y asistió por arriba a los delanteros.

Justamente, adelante, la apuesta era clara, con Gustavo Ibáñez y Gustavo Balvorín. El "Ratón" volvió a hacer de las suyas, complicando a los defensores, aunque no se puede decir que fue su mejor participación en un clásico.

Por el lado de Atlético, la salsa de Juan Manuel Llop en esos primeros 45 minutos fue insípida: los cuatro volantes parecían atados a la línea media. No participaban en ataque y tampoco llegaban con peligro. Arriba, ni Daniel Salvatierra ni Cristian Palacios hacían ruido. El panorama no era el mejor.

El cambio clave del clásico pasado por los puntos, fue el de Omar Gallardo por Julio Buffarini. El medio había sido tierra de nadie. Ayer, con la entrada de Sebastián Longo la idea de "Chocho" era recuperar algo protagonismo y, por supuesto, ponerle picante a la elaboración ofensiva. Ambos condimentos fueron esenciales para el paladar que saboreó el triunfo.

Pasaron nueve minutos del complemento y el volante por izquierda recién ingresado ya había justificado su ingreso. Un remate suyo de puntín al palo derivó en el primer gol. El aroma de la cocina "decana" era mucho mejor e invitaba a todos a sentarse a la mesa del ganador.

Ese mismo gol revivió los fantasmas para "Moncho": un nuevo segundo tiempo en el que se queda sin los utensilios necesarios para contrarrestar al clásico rival. La entrada del primer tiempo fue sabrosa, pero no llenó a nadie.